martes, 19 de febrero de 2013

LOS TRAPOS SUCIOS SE LAVAN EN CASA


No es sabio permitir que nuestra vida privada sea un libro abierto que cualquier persona pueda leer. De hecho, cuando nuestros asuntos íntimos vuelan de boca en boca, nuestras “intimidades” se vuelven baratas.
Seamos mujeres sabias: aprendamos a guardar nuestros asuntos y, de esa manera, proteger a los nuestros.
No permitas que todo el mundo se entere de lo que te ocurre en tu vida privada.No te van a tomar en serio si cada vez que abres la boca es para ir diciendo esto y aquello de tu marido, tus hijos, tu suegra o tu hermana. Nadie le va a dar la importancia que tiene. Además,haces daño a tu familia cuando permites que estén en boca de cualquiera.A la mayoría de las personas les encanta escuchar los problemas de los demás, para luego chismorrear y burlarse de ellas. Les encanta, porque así se sienten mejor con sus propias vidas.
Hay un principio que vale para todas las áreas de nuestra vida: Tus “asuntos” tendrán el valor que tú les des. Si tratas tus asuntos privados como algo valioso y digno de respeto, la gente también las tratará con el mismo valor. Si “regalas” esa información privada, la información se vuelve barata.

LO QUE EL AMOR NECESITA VER PARA CRECER



Dicen que el amor es ciego, pero lo cierto es que no puede crecer en ceguera: necesita ver cualidades positivas como el respeto, comprensión, sinceridad, capacidad de dar, servir, perdonar y mucho más.
Necesitamos edificar nuestras relaciones con fuertes pilares, como lo son el amor y la honestidad… 
Desde la antigüedad se ha dicho que el amor es ciego. Cierto o no, esta es una verdad a medias En realidad, lo que es “ciego” no es el amor, sino otras vivencias a las que llamamos “amor”. Porque el amor NO es el deseo, ni la pasión, ni el sentimiento, ni la atracción, ni siquiera el gustarse… y la prueba está en que cuando nos dejamos llevar por estos sentimientos, nuestra vida termina en un descalabro.
Cuando una persona despierta bellos sentimientos en nosotros, tendemos a idealizarla y a no fijarnos en sus fallos. Esto no es del todo malo, pues nos centra en lo positivo; peroal final se necesita más.
Y es aquí donde tenemos que esforzarnos en cultivar una hermosa relación basada en grandes valores como el respeto, la comprensión, la capacidad de dar, de servir y de perdonar. Porque sin estos valores no hay amor que dure.
Sólo se necesitan seis “S” para encontrar la felicidad y a su vez darla a otros: