sábado, 24 de marzo de 2012

CUANDO NOS HIEREN

Cuando nos hieren, nos sumimos en una mezcla de sentimientos difícilmente explicables… y lo más duro es saber que en buena medida nos han lastimado porque nosotras mismas lo hemos permitido.

¿Qué debemos hacer en momentos de crisis y confrontación? ¿Cómo hacer que las cosas no empeoren cuando estaríamos dispuestas a romper los platos o algo mucho peor?
No hay escudos ni fortalezas que nos protejan de los ataques inesperados, sin embargo, hay varias acciones que se pueden ayudar a evitar confrontaciones mayores que nos dejen el corazón más agrietado.

No se trata de vivir prevenidas, se trata de sacar en las situaciones de crisis un poco de sentido común que a veces no se nos hace tan “común” y no dejar que las disquisiciones lleguen a dimensiones incontrolables.


¿Qué hacer ante una situación así? Di lo que piensas de forma respetuosa y sin lastimar, recuerda que así como tú escuchas también mereces ser escuchada. Si reprimes lo que sientes habrá muchas gotas que rebosarán el vaso y estallarás ante la más mínima provocación.  Lo mejor es decir las cosas en el momento preciso, no sea que ante un inconveniente reciente saques a relucir circunstancias desagradables de días pasados.

Habla con sinceridad. Muchas veces una palabra o un gesto sincero desarman a un corazón iracundo. Reconoce tus responsabilidades y las de las otras personas. Ello ayudará a que asuman papeles de víctima y victimarios.

“A palabras necias, oídos sordos”.
Muy sabio refrán que nos recuerda  que no debemos escuchar palabras negras, que sólo buscan causar estragos y peleas.

Evita hablar cuando te encuentres enojada, ello agravará la situación ya que puedes decir cosas de las cuales te retractaras. Date un espacio cuando lo sientas pertinente y reflexiona sobre lo que sucede.

No intentes imponer tus puntos de vista. Hay que dialogar y concertar una solución conjunta a la problemática.

A veces es mejor dejarlo pasar de largo. Si crees que la situación en definitiva va a pasar a mayores, lo mejor es que te retires por tu bienestar y el de la otra persona. Como se dice popularmente en estos casos: “es mejor decir: aquí corrió que aquí murió”.

No hay borrones y cuentas nuevas, las heridas que nos ocasionan siempre dejan una marca en nuestro corazón. Haz la prueba con una hoja de papel: dibuja algo en ella y luego rómpela. Posteriormente toma algo de pegamento y trata de unir todos los pedazos. ¿Te queda igual que antes? No, lo cierto es que la destruiste tanto que ya no hay forma de arreglar lo que se ha roto. Las confrontaciones en nuestras vidas son comunes y necesarias, pero, ¿hay que llevarlas al  límite de romper un corazón?

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