sábado, 23 de junio de 2012

HASTA QUE LA MUERTE NOS SEPARE


“Hasta que la muerte nos separe” es una promesa hermosa con la que toda persona alguna vez ha soñado.
Pero parece una promesa difícil de cumplir, pues constantemente hay divorcios, separaciones y rupturas sin necesidad de llegar a la muerte.
¿Qué muerte? – me pregunté un día, ¿la física?, ¿la sexual?, ¿la emocional? ¿Cuántas muertes vive una pareja? ¿Cuántas pérdidas no elaboradas se llevan a la cama día con día? ¿Cuántas?
Tal vez muchas, seguramente más aceleradas que la física. La muerte de la pasión, es la primera. Esa incómoda pérdida de brillo, cuando al que amamos se le ocurre dejar de “encenderse” para nuestros ojos, y se transforma en un simple mortal.
Ese puede que sea el primer gran cambio para la pareja, algo que los lleva a vivir el resto de sus días entre lo que debería haber sido la vida de casados y lo que no sucedió. Y en la confusión de la insatisfacción, la pasión toma sus maletas y se larga a otros brazos.

Es cuando, el apetito sexual que pecaba de lujuria, comienza a desnutrirse, y surge la hambruna del displacer, los reproches y dolores de cabeza. La indiferencia se instala en el cuarto de huéspedes y la comunicación comienza a transitar el ritmo arrítmico del decir y del escuchar.  Los sentimientos hacia el otro comienzan a cuestionarse, “¿Por qué me enamoré de esta persona? ¿Qué vi en ella? ¿Lo quiero o lo amo?” – Diferencias inútiles- cuando uno duda respecto de… la confusión lo explica todo. Apenas se conocieron no había duda de que se amaban y querían, sin embargo ahora; ya no nos atrae físicamente, se ha descuidado –me ha descuidado-, engordó varios kilos, no se arregla como antes…
Hemos caído en un ciclo de muertes sin vueltas, sólo falta la física, la que inexorablemente se dará, la que conocemos que existe de memoria.
Empero, el resto de todas las que hemos vivido muriendo, esas no las contemplamos a la hora de acordar este proyecto común que se llama: matrimonio.
Tuvimos vestido, fotos, trajes, regalos, vals, felicitaciones, pastel, buenos augurios; pero no tuvimos “conciencia” o elegimos no tenerla. Nos dejamos seducir por todo lo exterior, y nos olvidamos de plantear hasta dónde seríamos capaz de llegar por el propósito que nos unió: el amor.
Pero, ¿es necesario ver la película de toda nuestra vida de pareja ante nuestros ojos para poder reaccionar? ¿Hasta ahí deberemos llegar para salvarla?
Siempre pasamos por “pérdidas”, es un camino que como seres humanos transitamos, algunas son más significativas, otras positivas, dolorosas, negativas, tediosas, ambiciosas, pero de todos modos,  “perder” es “perder”,  es dejar de tener eso que nos aportaba valor a nosotros mismos, sea un trabajo, relación, país y eso que se deja de tener crea un vacío, a veces difícil de llenar, otras irremplazable, otras que crea oportunidades.
Estamos en un constante devenir, pero no implica que deba ser hacia el deterioro. Si aprendemos a que tú no eres la misma que cuando te casaste, que él tampoco lo es, que las experiencias que han vivido los han ido modificando, si somos conscientes de pertenecer a un cambio permanente, ¿por qué no aceptar que lo que nos pasa forma parte de ello y que en lugar de separarnos nos puede unir? ¿Por qué no apostar a las resurrecciones en lugar de a las muertes?
No dejemos que el amor que sentimos navegue a la deriva de un reduccionismo cómodo, las cosas no son fáciles ¿y?, trabajemos por lo que queremos, con esfuerzo, y voluntad podemos construir grandes momentos en nuestras vidas.
No es la muerte la que nos separa sino nuestros propios prejuicios.
http://www.todamujeresbella.com/

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