Un obstáculo para la alegría y el amor puede ser una tristeza no resuelta del pasado.
En el pasado nos decíamos a nosotros mismos muchas cosas para negar el dolor: “No duele tanto... Quizá si espero un poco, las cosas cambiaran... No es para tanto. Puedo con esto... Tal vez si trato de hacer cambiar a la otra persona, no tendré que cambiar yo mismo". Negábamos que nos dolía porque no queríamos sentir el dolor.
Sin embargo, los asuntos inconclusos no desaparecen. Se siguen repitiendo hasta que captan nuestra atención, hasta que los sentimos, lidiamos con ellos, nos curamos. Esa es una lección que estamos aprendiendo.