En la relación amorosa se pone en juego la libertad
individual a favor del vínculo. Pero un vínculo de esta clase no puede durar
porque la libertad es esencial para un ser humano, y en algún momento se pondrá
esta necesidad en evidencia.
No se puede elegir entre el amor de alguien y
los intereses personales. El sacrificio de renunciar a ellos por amor deja un
residuo de resentimiento que no se borra con besos ni abrazos.
La persona que vive para el otro sin
condiciones se opaca hasta quedar reducida a una sombra, la sombra del otro.
Esa devoción, lejos de atraerlo termina
alejándolo, porque sólo se puede amar a una persona con identidad propia.
En el amor de pareja el conflicto es parte de
la relación, porque son dos seres libres que pueden llegar a obstaculizarse
mutuamente.
El camino de la negociación es el único
viable en estos casos siempre que éste no implique estancamiento de alguno de
los dos.
El amor no puede ni debe ser una cuestión
puramente emocional, necesariamente debe ser un sentimiento reflexivo, porque
si no fuera así seríamos esclavos de él y además de podría llegar a convertir
en odio.

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