¿Has visto o te ha pasado eso de que cuando una relación se ha
terminado te has sentido defraudada porque sientes que tú has dado todo de ti,
y él no te lo ha sabido corresponder?
Cuando nos entregamos o cuando damos de nosotras mismas lo mejor que
tenemos, lo podemos hacer regalando o invirtiendo.
En el acto de regalar, entregamos sin esperar nada a cambio más
que la inmediata satisfacción que produce hacerlo. Si es así, cuando has
entregado todo de ti y al final las cosas no salen, no ha sido “para nada”,
pues eso implicaría que lo que intentabas hacer era invertir lo que das (y toda
inversión tiene un riesgo que asumimos personalmente).
Dar, regalar o invertir constituyen formas de
relacionarnos con los otros. A cada instante de nuestra vida, cuando
interactuamos ponemos en juego alguno de estos tres verbos, alguna de estas
inocentes acciones y actuaciones de encarar la vida. No podemos
concebirnos de forma aislada, somos seres relacionales. Con relaciones
exitosas, saludables, viciosas, enfermas, desgastantes; sea cual sea la
categoría, los naipes para desenvolvernos en la vida son el dar, el regalar o
el invertir.




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