“Hasta que la muerte nos separe” es una promesa hermosa con la que
toda persona alguna vez ha soñado.
Pero parece una promesa difícil de cumplir, pues constantemente hay
divorcios, separaciones y rupturas sin necesidad de llegar a la muerte.
¿Qué muerte? – me pregunté un día, ¿la
física?, ¿la sexual?, ¿la emocional? ¿Cuántas muertes vive una pareja? ¿Cuántas
pérdidas no elaboradas se llevan a la cama día con día? ¿Cuántas?
Tal vez muchas, seguramente más aceleradas que la física. La
muerte de la pasión, es la primera. Esa incómoda pérdida de brillo,
cuando al que amamos se le ocurre dejar de “encenderse” para nuestros ojos, y
se transforma en un simple mortal.
Ese puede que sea el primer gran cambio para la pareja, algo que los
lleva a vivir el resto de sus días entre lo que debería haber sido la vida de
casados y lo que no sucedió. Y en la confusión de la insatisfacción, la pasión
toma sus maletas y se larga a otros brazos.


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