sábado, 13 de octubre de 2012

LA MUJER DE HOY NO ES LA DE AYER


Se acabaron los tiempos en los que los hombres lograban recluirnos entre las paredes del hogar, sólo destinadas a cocinar, servir en el hogar, estar al cuidado de los hijos y al capricho del hombre.
Esos tiempos pasaron, no por compasión a nosotras sino por méritos propios.
La mujer moderna ha demostrado estar a la altura de todo cuanto se proponga. El hogar, la oficina o cualquier lugar: Si una mujer quiere, puede, pues está sobradamente capacitada.
Desde tiempos atrás la mujer era un objeto solamente para el hombre. Vivía enfrascada en el hogar, era para todos invisible, pues desde que nacía estaba predestinada a vivir encerrada entre muros de cristal, pues su vida transcurría entre trastos, niños y limpieza.
La mujer de antaño dependía exclusivamente del hombre, su hombre, el amo y patrón del hogar quien no veía en ella el valor que tenía, pues ella para él era simplemente la que atendía ese hogar que él le prodigaba…

viernes, 21 de septiembre de 2012

MALTRATADA EN EL CORAZÓN


Hay formas de maltrato que son evidentes, pues dejan huella física en el cuerpo de la mujer.
Otras son menos evidentes y mucho más sutiles. No son tan conocidos ni tan repudiados. Son los abusos que consisten en golpes al corazón, a la integridad de mujer, a las emociones. Maltrato psicológico emocional. Igualmente repudiable y muy grave.
Cuando se habla de maltrato contra la mujer, muchas personas no logran comprender cómo alguien puede soportar que la maltraten y proclaman “A mí, como mujer me darían el primer golpe, pero jamás un segundo”. Pero, ¡qué fácil es decirlo!
La vida se encarga de ponernos en lugares y situaciones que jamás hubiéramos imaginado, a muchas mujeres no nos llegan a dar un golpe físico, pero existe otra clase de abuso que muchas veces es peor, porque como es bien sabido que los “moretones” cambian de color y eventualmente desaparecen, ¿pero  acerca de los moretones en el corazón esos raspones emocionales que se quedan agazapados en nuestros sentimientos y mente?

domingo, 9 de septiembre de 2012

CUIDEMOS LO QUE DECIMOS



Lo que sale por nuestra boca trae consecuencias. Todo lo que decimos es escuchado, aunque no sea más que por nosotras mismas.
Cuidemos lo que decimos, tengamos cuidado con las palabras que utilizamos.
Más vale callar que hablar de más.
¿Escuchas habitualmente lo que te dices o dices a otros? Hablar es tan automático, que a veces sucede que las palabras se escapan de nuestro ser y materializan en situaciones y momentos nada agradables.
¡Decimos cosas sin querer!
Lo cierto es que el acto de hablar no es inocente, las palabras que aún creemos decimos “sin querer” son seleccionadas por nuestro cerebro antes de salir a escena,  de ahí aquella famosa frase que reza “Uno es esclavo de lo que dice, y dueño de lo que calla”.
El lenguaje como tal es un instrumento de construcción; ¿constructor de?  posibilidades, puertas que se abren, o puertas que se cierran. Nosotros no solo somos lo que comemos, sino lo que decimos.
Aprender a utilizar nuestra habla, podría indicar un antes y un después en el comienzo o fin de nuestras historias irresueltas.

TRES FRASES PARA UN AMOR ETERNO


Hay tres simples frases que pueden hacer una gran diferencia en una relación de amor y compromiso.
Tres pequeñas frases que pueden ayudar a que el amor dure hasta el último de nuestros suspiros:
Te amo,
lo siento
y te perdono.
Son tres frases cortas, tres frases sencillas.
Tres frases cargadas de significado. Tres frases que a veces se nos escapan, como si fueran aire… muy fáciles de dar por sentado.
1.    “TE QUIERO”.
Porque nunca está de más decirlo y porque siempre gusta oírlo. Pueden ser susurradas con ternura, declaradas con pasión, gritadas con alegría… Un “te quiero” entre risas, una cosquilla en el alma. Un “te quiero” mojado por las lágrimas… una realidad más fuerte que un sentimiento o una circunstancia.
2.    “LO SIENTO”.
Tantas cosas que hacemos o decimos que luego lamentamos… decir “lo siento” o “¿me perdonas?” nos hace vulnerables, nos baja los humos. Es imposible ser perfectos, y una relación no puede existir sin disculpas ofrecidas y aceptadas.
3.    “TE PERDONO”.
Perdonar es un regalo. Es, casi siempre, inmerecido. Cuando perdonas no lo haces porque sea lógico o justo. Perdonas porque amas, y cuando lo haces… te libera.

jueves, 23 de agosto de 2012

¿QUE SIGNIFICA AMAR A DIOS PRIMERO?


Amar a Dios primero significa hacerle tu primera prioridad y el marco de orden en tu vida. Piensas en Él en la mañana cuando te despiertas, oras durante el día y hablas con Él en la noche. Cuando Dios ocupa el primer lugar en tu vida, todas las piezas restantes de tu vida encajan alrededor de Él en un orden perfecto. Cada decisión que tomas u horario que programas lo haces de manera natural en este orden. Dios quiere un tipo especial de amor que englobe tu corazón -lo que te motiva y te mueve-, y quiere que sea el gozo.
Aprender a amar a Dios es un proceso de dejar de amarte a ti mismo y a las cosas que te rodean y enamorarte más de Él. Comienzas con el deseo de amar de esa manera, y tu amor crece según maduras. A medida que creces en el amor de Dios, experimentas amor por otras personas que nunca hubieras esperado. Manifiesta el amor de Dios por tus hijos. Diles que oras, y que te oigan dar gracias a Dios por sus bendiciones y su amor. Incorpora la fe cuando hablas de tu día o sobre cosas que ocurren en las vidas de tus hijos. Cuéntales historias de cómo Dios ha mostrado su amor por ti y lo mucho que has llegado a amarle más a través de tus experiencias con Él. Deja que amar a Dios sea tan natural en tu familia que llegue a ser como respirar; que sea tu vida, tu gozo y tu paz.

miércoles, 22 de agosto de 2012

¿DUELE VOLVER A COMETER EL MISMO ERROR?


Todas cometemos errores, eso es parte de ser humanas.
Pero duele mucho cuando el error que cometemos es el mismo que el de antes. Cometer el mismo error duele hasta destrozarnos el alma.
Quisiéramos que la tierra nos tragara e hiciera desaparecer, pero tenemos que ser fuertes, afrontarlo, levantar cabeza y mirar hacia adelante. El pasado no se puede cambiar, el futuro sí.

¿Cuántas veces has cometido errores y cuántas veces has prometido no volver a cometerlos?
Todas conocemos el desagradable sentimiento de darnos cuenta que hemos fallado en algo que pensábamos que ya teníamos controlado, nos sentimos como casos perdidos, deseando tener el poder de regresar en el tiempo para hacer las cosas diferentes. Son muchas las cosas que podríamos cambiar y no cambiamos, darnos cuenta de ello nos entristece y hace sentir que somos “casos perdidos”.
― ¡Trágame tierra, volví a caer!
A Muchas nos falta el valor y la fuerza para mirarnos a nosotras mismas y desearíamos poder escondernos o perdernos. Saber que has vuelto a fallar es algo que duele, especialmente si es que nos hemos fallado a nosotras mismas. Pensamos que igual si hubiésemos sabido el dolor y la frustración que provocan nuestros errores no hubiéramos vuelto a fallar de la forma que hicimos, pero lo hicimos.
No hay nadie que nos pueda salvar de lo insalvable, excepto nosotras mismas, porque nadie nos obliga a cometer actos o acciones que sólo nos dejan un mal sabor.
Muchas son las veces que nos dejamos llevar por la emoción del momento, o en las que tomamos una decisión al impulso de sentimientos, sin razonar, sin pensar en las consecuencias que nos afectan a nosotras mismas y de paso, muchas veces también involucramos sin querer a terceras personas, haciéndolas sentir tanto o más mal que a nosotras mismas. Y muchas veces llegamos a casos extremos, seguimos viviendo en el error que podría durar de por vida, pensando que tratar de rectificar y prometer no hacerlo de nuevo sólo han sido promesas fallidas y condenándonos a nosotras mismas a vivir equivocadamente dudando de nuestra capacidad, buen juicio y sobretodo, dudando de nuestra fuerza de voluntad.

lunes, 20 de agosto de 2012

EDUCÁNDONOS EN PAREJA



Los humanos nos acostumbramos a todo, como a los ojos morados, los insultos y faltas de respeto. Tanto así que a veces lo asimilamos como “parte del amor”.
Esto afecta incluso nuestras propias relaciones, pero no tenemos porqué aceptarlo así, y hay cosas que podemos hacer para mejorar nuestras relaciones, comenzando por educarnos como pareja, en lo que queremos, sentimos y necesitamos.
Sabemos que la ausencia de respeto no está “bien”, pero creemos que si a la mayoría les pasa, es algo “normal”. El lenguaje es un excelso tramposo: la violencia es normal porque sigue un patrón dentro de una sociedad. Si la mayoría son así, será porque así son los hombres; nos decimos por dentro. Pero lo cierto es que violentar, humillar, maltratar a otro ser no tiene que ver con el amor; me atrevo a decir que tiene que ver con la falta de amor, la carencia, la urgencia de cubrir necesidades personales, e íntimamente unido a la educación que hemos recibido de niños. Tal vez por eso, sería bueno aprender a educarnos en pareja, a enseñarnos mutuamente como queremos que nos traten.